La respuesta pacífica de los cristianos perseguidos

El odio religioso afecta fundamentalmente a la comunidad cristiana, sobre todo a la de unos pocos países del este de África, Oriente Medio y sur de Asia, aunque también en otras zonas existen formas de discriminación más o menos disimuladas. La respuesta de los cristianos es casi siempre pacífica, y al mismo tiempo pragmática.

Que los cristianos son el grupo religioso más perseguido en el mundo es algo conocido, aunque no siempre los medios den la suficiente visibilidad al problema. Varios estudios han tratado de cuantificar este fenómeno, pero no es un asunto fácil. Under Caesar’s Sword (“Bajo la espada del César”), un informe de la Universidad de Notre Dame, ofrece datos actualizados y contrastados. Sin embargo, es más que un simple recuento de hechos. Los autores han realizado un importante “trabajo de campo”, entrevistando a muchos cristianos de los países donde resulta más arriesgado serlo, y les han preguntado cómo reaccionan. Lógicamente, eso depende mucho de quién sea el potencial agresor –el propio gobierno, grupos radicales aislados, una cultura popular hostil– y de la intensidad de la persecución. Pero existen puntos comunes, de los que se pueden extraer algunas recomendaciones.

Los cristianos, en la diana

Aunque no es fácil dar números exactos, algunos estudios han calculado que los cristianos representan entre el 60% y el 80% de todas las personas perseguidas por motivos religiosos. Según Open Doors, una organización internacional dedicada a documentar y denunciar estos casos, y a ayudar a las víctimas, 215 millones de cristianos sufren un nivel de persecución “alto, muy alto o extremo”.

Los cristianos representan entre el 60% y el 80% de todas las víctimas de persecución religiosa

El dato aparece en la Lista Mundial de la Persecución que Open Doors elabora cada año. En la edición de 2017, el ranking de los países más opresores está encabezado por Corea del Norte, Somalia, Afganistán, Pakistán y Sudán. Otros tres países de Oriente Medio y dos de África completan los diez primeros puestos. No obstante, donde más ha aumentado la discriminación contra los cristianos respecto al año pasado ha sido en el sur y sureste de Asia: India, Bangladesh, Laos, Bután y Vietnam.

Sin embargo, si solo se cuentan los actos violentos y no otro tipo de persecuciones, escalan posiciones Egipto (donde la minoría copta está en la diana del Estado islámico), Nigeria (por los ataques de Boko Haram), Pakistán (Estado Islámico y talibán) y México (por la violencia de las organizaciones criminales ligadas al narcotráfico contra cristianos comprometidos en el activismo social).

México es también uno de los pocos países con un alto grado de persecución donde, sin embargo, las confesiones cristianas son mayoritarias. En este grupo también están Rusia (por una mezcla de nacionalismo religioso y restos de hostilidad de raíz comunista), Cuba y el noroeste de Kenia, donde se mezcla la violencia islamista con un antagonismo por razones étnicas.

El “ecumenismo de la sangre”

El papa Francisco se refirió hace poco al “ecumenismo de la sangre”: la unión de los cristianos de distintas confesiones que están siendo maltratados por su fe en distintos países del mundo. Un fenómeno que ha aumentado en los últimos años. Según Open Doors, en 2015 murieron por su fe cristiana cerca de 7.100 personas, más del triple que en 2013.

Frente a la discriminación, violenta o no, los cristianos han optado por respuestas pacíficas, bien sea de supervivencia, de asociacionismo con otras confesiones o de confrontación política

Otras formas de persecución son las amenazas, detenciones arbitrarias, trabajos forzados, violación, quema de iglesias o discriminación laboral. En términos relativos al número de fieles, las confesiones protestantes no tradicionales son las más afectadas, especialmente los evangélicos y pentecostales.

No hay una correspondencia exacta entre tipos de persecución y zonas geográficas, aunque grosso modo se pueden distinguir cuatro grupos de países. El primero lo forman aquellos donde la principal amenaza son organizaciones terroristas, casi siempre islámicas, y donde la respuesta mayoritaria de los cristianos es adoptar estrategias de supervivencia. En esta categoría están Sudán, el norte de Nigeria, Siria, Irak o Egipto.

Gobiernos hostiles o “tibios”

Distinto es el caso de Irán, Arabia Saudí o Sudán: allí el problema no es tanto el terrorismo (aunque existe), como la confesionalidad islámica del Estado, que se regula por la sharía. Los gobiernos tratan a los cristianos como ciudadanos de segunda clase, seguidores de credos “extranjeros”. La persecución no suele llegar a la violencia, aunque en los tres países se han aplicado sentencias crueles (por ejemplo, latigazos) por violar preceptos religiosos. Lo más común es la discriminación laboral o social: no se permite a los cristianos manifestar públicamente su fe, y mucho menos cualquier actividad que se acerque al proselitismo. El peligro de ser detenido o encarcelado arbitrariamente es constante. En estos países, la minoría cristiana evita criticar al gobierno o quejarse de sus condiciones. A lo sumo, acuden a instancias internacionales, aunque con poco éxito.

Un tercer grupo lo forman India, Pakistán, Indonesia o Turquía. En estos países los cristianos experimentan episodios ocasionales de violencia por parte de grupos radicales, pero los gobiernos protegen, al menos en teoría, la libertad religiosa. Además, los cristianos han podido organizarse y participar activamente en el debate político para defender sus derechos. Sin embargo, bajo esta capa de democracia, se perciben algunos indicios de sectarismo. Ejemplos son las leyes contra la blasfemia presentes en India, Pakistán e Indonesia, y aplicadas en gran medida contra cristianos; la prohibición de construir iglesias en algunos estados indios; las conversiones forzosas en Pakistán, o la existencia de un órgano semigubernamental en Indonesia –el Consejo de Ulemas– que emite fatuas respaldadas directamente por el presidente del país.

El tipo de persecución, y por tanto de respuesta, varía según regiones: la supervivencia prima donde la amenaza es terrorista o donde el gobierno no deja resquicio al asociacionismo

La respuesta de los cristianos ha ido por la vía del asociacionismo o incluso la confrontación directa (pero política, no violenta) con el gobierno. Solo en unas pocas zonas de India y Pakistán, donde los ataques han sido más frecuentes, las estrategias de supervivencia (sobre todo, huir a otras regiones más pacíficas) han sido la única salida. En India, los líderes cristianos, hindúes y musulmanes han mostrado unidad en torno a ciertos valores morales, y han colaborado en iniciativas de acción social. Además, cristianos y musulmanes, que son minoría frente los hindúes, han hecho frente común por un estado laico y contra el partido gobernante, que aboga por un cierto nacionalismo religioso. También en Pakistán e Indonesia, los cristianos se han movilizado por determinadas causas sociales, a veces junto a la comunidad islámica.

La huella del comunismo

El comunismo en versión asiática sigue vigente en China, Vietnam o Laos, y con él, algunas estrategias de represión típicas de estos regímenes: campos de reeducación, adoctrinamiento en la escuela, detenciones arbitrarias, etc. En China, se estima que en 2015 había cerca de 260 líderes religiosos en prisión, muchos acusados falsamente de delitos económicos o sexuales. Como el asociacionismo o la oposición directa al gobierno son opciones especialmente peligrosas, algunos cristianos en China han optado por colaborar activamente con el régimen en temas de justicia social, aunque esta estrategia no es nada frecuente en las generaciones más jóvenes. Más frecuente es una forma de acomodación “a regañadientes” al sistema, que al menos permita seguir desarrollando una misión evangelizadora, aunque sea en una semiclandestinidad. Los más atrevidos se han enfrentado al gobierno, como algunos abogados cristianos que se han hecho cargo de casos referidos a violaciones de derechos humanos.

En Vietnam, donde las víctimas de persecución son sobre todo protestantes evangélicos, la reacción de las víctimas ha sido la de abrazar una resistencia silenciosa, a la vez que han ido consiguiendo una interlocución con el gobierno, aunque todavía muy débil.

También en Rusia y las repúblicas exsoviéticas del centro de Asia han sido las confesiones protestantes, especialmente las no tradicionales (evangélicos, mormones, testigos de Jehová), quienes más han sufrido la discriminación. Mientras que en Rusia la respuesta más frecuente ha sido el asociacionismo y el activismo en causas sociales, en las repúblicas exsoviéticas han prevalecido las estrategias de supervivencia, aunque empieza a abrirse un cauce de comunicación con los gobiernos.

Fuente: Ace Prensa.

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