El deterioro moral, raíz de nuestros males

16 Jun 2017
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El deterioro moral se debe, sobre todo, a la falta de principios y valores morales en la población. Lo que condiciona al actuar humano es el egoísmo, un egoísmo ciego que se va por lo inmediato, y que descuida las consecuencias que trascienden al momento. No hay convicciones éticas que me lleven a cumplir con mi palabra, es más cómodo decir “yo no prometí”, “yo no dije eso”, que decir voy a cumplir; es más fácil desdecirse.

Robar, para hacerse de una prenda, es más fácil que trabajar, que esforzarse por adquirirla con dinero ganado con el sudor de la frente. No vale lo ético, sino lo fácil. Aunque para lograr las cosas se busque lo obscurito. En los litigios judiciales, la verdad es lo de menos, lo que importa es librarse de responsabilidades. Si estabas borracho, ve con un médico que certifique que no lo estabas; lo que importa es salir avante.

La veracidad pierde terreno, no importa otra cosa que salir con lo que nos conviene; aunque sea logrado con mentiras, con complicidades, con embustes. Los valores morales, como la responsabilidad, la lealtad, la veracidad, la honradez, y otros tantos que enaltecían a las personas se están acabando. Ya no me importa que la gente diga que valgo por mi capacidad de servicio o por mi lealtad, lo que importa es que yo tenga un nivel económico notorio.

Se nota en nuestra población un relativismo galopante: es bueno lo que la mayoría dice que es bueno y es malo lo que la mayoría dice que es malo. Hay cosas que son en sí buenas y otras que de por sí son malas; independientemente de las opiniones de pocos o de muchos. Ahora no, ahora el bien y el mal se vuelven relativos. Cuando le preguntaron a un candidato a la presidencia de la República si iba a permitir el aborto, él, muy fresco, respondió que lo iba a poner a consulta e iba a hacer lo que dijera la mayoría.

En otras épocas se enaltecían los valores éticos. Las gentes respetaban a la persona que era de palabra, se reconocía como valiosos a los hombres y a las mujeres que se ganaban la confianza de sus patrones, porque no eran capaces de tomar nada que no fuera suyo. La gente que administraba los bienes de los municipios o de lo santos con lealtad, era reconocida como valiosa. Todo servicio se daba por amor a la comunidad. Ahora no, ahora se busca lucrar, se acepta el chantaje, se utiliza la mentira.

Por eso la sociedad toda vive desconfiada. Hemos dado pábulo al egoísmo, a la avaricia y eso nos enfrenta a unos con otros. Todos los valores morales están sustentados en el verdadero amor, en el respetos mutuo, en la valoración del hermano. El ser humano está perdiendo la calidad de humano y se está convirtiendo en lobo del hombre. Ya no nos valoramos como personas, nos consideramos objetos de lucro y nos aprovechamos unos de otros.

Fuente: ComCatolicos

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