Aprendiendo a ser caballeros

12 Jun 2017
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No está solo en que el padre le diga al hijo que respete a la mujer y que no es el momento de tener relaciones sexuales, sino en que también él mismo sea modelo para el hijo en el respeto y la castidad según su estado de vida.

La semana pasada hablábamos del varón como compañero de la mujer y padre. Esto sobre todo en la integridad de la persona, y no sólo en lo biológico, pues se habla de seres humanos y no de animales. Y se comprende que se es un ser racional y espiritual capaz de ser más que un simple progenitor.

Ahora bien, es de suma recomendación que si se es varón haya comportamientos que lo distingan como tal; no tanto como simples “acuerdos sociales”, sino que realmente orienten al varón a visualizarse como compañero de la mujer y padre. Así, sobre todo a adolescentes que empiezan a identificar la diferencia sexual entre hombre y mujer, es necesario enseñarles:

 Urbanidad con la mujer. Lejos de ser algo de gente rica o “de viejitos”, el seguir estas normas son un signo de visible virilidad por lo que significan. Algunas de estas son: 

-Quitarse el sombrero: Algo que ha caído en desuso, pero que tiene un gran significado: Cuando se quita, no sólo se muestra respeto, sino también implica una cierta vulnerabilidad. De modo tal que quitarse el sombrero ante una dama es signo de saberse iguales e, incluso, hasta reverencia.

-Caminar por la derecha: Esta es una norma básica bastante descuida, pero muy vigente. Y únicamente se cede el paso del lado de los edificios a las mujeres, personas mayores y discapacitados. El varón va del lado más próximo a la avenida, precisamente ratificando su paternidad. Se hace visible su cualidad de protector.

-Saludo: Habitualmente se besa en la mejilla a la mujer con suma discreción y respeto, aunque no está mal saludar de mano y hacer ademán de besarle la mano que la dama le extienda. Esto también es un signo de respeto y admiración del hombre para con la mujer.

 Tiempos de diálogo sexualidad: Este aspecto es delicado, de suma importancia, y asume lo anterior. Podrán hacer preguntas los niños sobre su origen desde los cuatro años como “¿De dónde vengo yo?”, y la respuesta es simple: “De tus papás”. El padre, llegada la adolescencia, al hablar con el hijo varón (debe hacerlo) ha de considerar lo siguiente:

-La sexualidad no es solo genitalidad. Abarca todo su ser que es sexuado porque es varón y es diferente a la mujer.

–Que conozca que su cuerpo es sagrado.

La complementariedad con la mujer en todo sentido, pero principalmente orientada en un proyecto de vida personal.

 Ser novio: Unido a lo anterior, es evidente que no se recomienda un noviazgo adolescente porque implica un proyecto de vida a futuro. Cuando llegue el momento y la madurez para comenzar a trazar un proyecto de vida conjunto con una mujer o en celibato, el varón debe asumir que:

 

-No se trata de “tener una novia”, sino de ser un novio para una dama. Esto es un servir y amar a la persona del otro sexo, no “servirse” del otro. 

-El referente es su padre. Así que, sin duda, es una exigencia importante la buena y sana relación del padre con la madre. No está solo en que el padre le diga al hijo que respete a la mujer y que no es el momento de tener relaciones sexuales, sino en que también él mismo sea modelo para el hijo en el respeto y la castidad según su estado de vida. Incluso, si no se opta por la vida matrimonial sino por vivir de una manera célibe, esto no exime el aprender a amar a la mujer por el simple hecho de ser mujer. Y esto también deben enseñárselo los padres a los hijos a través de la convivencia con mujeres de la familia, o incluso visitando a las hermanas religiosas a sus conventos, etc.

 

Fuente: SIAME

 

Modificado por última vez en Lunes, 12 Junio 2017 11:11

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